Los seres humanos somos momentos… Momentos de alegría, tristeza, estupor, enojo
y tantos más.
Los seres humanos
somos variedad, diversidad… Y aquí, precisamente en este revoltijo de
cualidades, es donde está nuestra esencia.
Y es esa esencia la
que resguarda nuestra humanidad, la que es más de nosotros que el propio
corazón; lo único que nadie, en absoluto, nos puede arrebatar.
Es tu esencia la que
al final te desborda y desborda a otros, para mal o para bien… quién sabe.
Es esa misma esencia
la que te impulsa, sin tú saberlo, a lo que te hace feliz; aunque a veces esa
felicidad se desvíe o se disfrace, por momentos, de obstáculos.
Obstáculos que son
impulsos, impulsos para ganar esa carrera esencial de ser fieles a nosotros
mismos.
Una carrera en donde no
hay más competidores ni una franja al final que indique que ganaste… Una
carrera donde tú eres el único, una carrera que es la vida misma; esa vida que
se defiende, que implora, que hace lo posible para que tú luches por ese
agujero negro que es tu esencia, un agujero negro que no es, para nada, finito,
como dice la ciencia, sino más bien infinito…
Infinito no como tú,
vamos… Infinito como lo que dejas después de ser finito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario