domingo, 11 de septiembre de 2016

Los rastros de la vida.


Es muy raro observar vida en el mundo… Quizá porque no abrimos bien los ojos, quizá porque los instantes de vida son los más efímeros. Aun así, en estos últimos días, me ha abordado la esperanza de percibir rastros de ella, de reconocerla.
He creído haberla visto guiñándome el ojo desde un señor de edad que cargaba en su espalda al que pensé que era su nieto. No podría haber en el mundo otra persona con una mirada tan feliz como la de ese niño.
Me sonrió cuando al pasar por el parque, vi a una señora con un globo en la mano, y me di cuenta que a los ojos de los extraños, todos podemos regresar, de nuevo, a la infancia.
Me tomó la mano cuando, deteniéndome en un semáforo, el señor en el andén me dedicó la sonrisa más bonita.
Me abrazó cuando el sol iluminó gran parte de mi habitación, dejando solo algunas vetas de sombra.
Me besa en la frente cuando mi mamá prepara la sopa que me calienta el alma.
Estoy segura que tengo un encuentro con la vida cada vez que mi papá me dice: “Hola, angelito”.
La vida me ve a los ojos cuando el portero de la Universidad, cada viernes, me recibe con un abrazo y me desea un buen día.
La vida se puso delante de mí, y por poco no me golpeé contra ella, cuando, unas cuantas veces, recibí mensajes de buenos días que me impulsaban a querer hacerlos buenos.
La vida me acarició la mejilla cuando vi a mi abuela posar su mano en la espalda de mi abuelo.
La vida se torna visible cada vez que le dedico una mirada a mi biblioteca.
Y se confunde con mi alma siempre que voy a la casa de mi abuelita Mimi.
Me hace cosquillas cuando me rio con mis amig@s, cuando me rio y siento que los gimnasios deberían implementar rutinas de risa.
La vida toma mis pies cuando suenan las canciones que me hacen dar gracias de poder oírlas.
La vida me pone sus manos en los hombros cuando estoy cerca del bosque que me gusta tanto.
… En fin, siento que estos instantes, los que no nombré y los que vendrán, estoy segura, me alimentan el alma; porque la vida es vida cuando te hace pensar que no eres un puzle, cuando la ves como si no la tuvieras, como si tú estuvieras en perspectiva y la vida solo fuera algo abstracto, algo capaz de generarte la misma emoción que te produce lo encontrado cuando crees que estaba perdido.
 
 




jueves, 1 de septiembre de 2016

... ¿Cuánto dura la eternidad?

… ¿Cuánto dura la eternidad?

Dura lo que vive el alma. Y el alma no tiene tiempo.

Entonces somos instantes de alma, eternos instantes de alma, porque es lo que nos queda, es con lo que vivimos.

Es con lo que sopesamos el tiempo.

… Y aquí, por fin, se enfrentan dos grandes fuerzas: el tiempo y lo eterno.

El tiempo sirve para aniquilar lo eterno.

Lo eterno está para no acordarse del tiempo.

Y hay mil cosas eternas para el alma de un mortal.

Eso depende de la vida que albergue esa alma.

Eternidades que dejan de ser eternas porque se viven, y si se viven, se las robamos a la eternidad y empiezan a formar parte de nosotros.

Un nosotros que actúa como ingrato, que actúa como recordatorio…

Recordatorio de que robamos, robamos instantes que nos dejan de pertenecer al segundo que los vivimos.

Y es cuando vivimos, cuando v.i.v.i.m.o.s. con todas sus letras, cuando nos damos cuenta de nuestra limitada humanidad; una humanidad que no es eterna. 

Lo eterno son los instantes, no nosotros.

Así que, corrijo: la eternidad no dura lo que vive el alma.


La eternidad dura un nosotros, nosotros en cada uno de sus pedazos.




Quiero.

Quiero saber a dónde fue ese sueño que no recordaron al despertar. Y qué hizo que ese corazón roto se enamorara de todas sus grieta...