lunes, 22 de mayo de 2017

Día rojo.

El olor que emanaba de la sala de espera se sentía como todas las cosas que tenía atoradas en el alma: asfixiante.

Solo un puesto vacío, al lado del señor (¿o joven?) de gafas oscuras.

-Cuánto tiempo ha pasado, bonita.

Esa voz.

Ahora la gabardina y el sombrero de fieltro cobraban sentido, le daban ese aire atronador que siempre lo había caracterizado.

-Pensé que nunca volverías a aparecer –dije con la voz que me quedaba.

-Sabes que jamás me iré del todo.

Y cómo lo sabía.

-¿Por qué apareces justo ahora?

-Porque me sentía viejo, y olvidado.

No reconocí la risa que salió de mi garganta.

-¿Olvidado? ¿Tú? Si hay una palabra que no combina contigo es el olvido.

-Venga, bonita, necesito que lleves mi peso de nuevo en ti, ayúdame –su tono de voz no podía ser otro que el de la agonía.

-Dime, ¿acaso tengo otra opción? Además, ¿por qué te molestas en ser tan educado y gentil, si al final terminas haciendo lo que se te da la gana, arrasando con todo a tu paso?

-Me alegra que hayas aprendido –y, como siempre, su agonía desapareció, dando paso a una satisfacción exasperante.

Fue entonces cuando, una vez más, El Pasado subió a mi espalda, haciendo que su peso y mi peso fueran uno solo.

Sobrecargándome.

Invadiéndome.

En el instante en el que pensé que, esta vez, no iba a poder con él, la puerta del consultorio se abrió.

-Mara, es hora de tu radiografía.

Y como si esas seis palabras me hubieran dado fuerza, porque era muy posible que en esa radiografía se entreviera El Pasado, y lo menos que yo quería era que este tuviera un poco de luz, reuní el valor suficiente para que mi mano atravesara su pecho, hasta llegar a su corazón, agarrándolo fuerte, duro, oprimiéndolo, mientras escuchaba la risa feroz del que ahora era mi presente.

-Eso es, bonita, libérate de mí.

Fue ahí cuando El Pasado se convirtió en mi reflejo…


Era yo la de la herida,

sangrando,

                 pero también sanando.




Quiero.

Quiero saber a dónde fue ese sueño que no recordaron al despertar. Y qué hizo que ese corazón roto se enamorara de todas sus grieta...