lunes, 15 de octubre de 2018

Grito.

En días como hoy, no guardaré
un minuto de silenciopor aquello
que quiero gritar durante horas.
Y lo haré por esas cenizas que
nadie se atrevió a soplar
para convertirlas en fuego.
Por esa causa que nunca
provocó un efecto.
Y por ese rompecabezas que
aprendió a romper más corazones.
Gritaré por ese oasis que
de tanto esperar,
se convirtió en desierto.
Por esos intentos que
no eran fallidos,
pero les fallamos.
Por aquella herida que
confundieron con cicatriz.
Y por esa memoria que quería
darse por perdida.
Le regalaré un grito a esa
corriente que nunca
nadaron contra ella.
A esa luz que no pudo
encontrar su túnel.
Y a aquél reloj de arena al
que nunca le dieron la vuelta.
Gritaré por esas dos almas gemelas
que se atrevieron a correr en una
carrera que tenía distintas
líneas de llegada.
Por ese laberinto en el
que nadie se perdió.
Por ese pasado que se
convirtió en futuro porque
estaba muy presente.
Y por esa eternidad que
tenía los días contados.
Pero gritaré más fuerte aún por
ese recuerdo que, en su séptima vida,
dijo: rómpeme como se rompe
al silencio.






domingo, 2 de septiembre de 2018

I.m.p.o.s.i.b.l.e.

I.m.p.o.s.i.b.l.e.
Imposible como tratar de desatarte
ese nudo en la garganta cuando
tú misma fuiste la que aprendió a hacerlo ciego.
O cuando el arcoíris se instaló
en aquella mente condenada a
estar para siempre
en blanco.
Imposible como aquella vez que quisiste
robarle al “inevitable”
sus dos primeras letras.
Y cuando creíste que tocabas el cielo con las manos
pero solo era su reflejo en el agua.
Imposible como “la última y nos vamos”,
porque sabías que no sería la última,
y que tampoco te irías.
O cuando pensaste que podías salir ilesa al
volver a escuchar esa canción.
Imposible como evitar sangrar cuando
has sido cuchillo y herida a la vez.
O cuando dijiste “adiós” con el “quédate”
a un centímetro de distancia.
Imposible como tratar de crearle
múltiples entradas al que estaba destinado
a ser tu callejón sin salida.
O cuando el huracán de palabras
que siempre fuiste se quedó sin aliento,
y aprendiste que también hay valentía
en los silencios.
Imposible como el momento en el que ella supo
que había arte en “amarte” y “matarte” y,
con el alma (¿o el arma?) en las manos,
hizo posibles las dos.




Quiero.

Quiero saber a dónde fue ese sueño que no recordaron al despertar. Y qué hizo que ese corazón roto se enamorara de todas sus grieta...