Creer…
Con estas cinco letras, se puede también formar la palabra “crecer”. Y es que a
la final, eso en lo que creemos, eso que sostenemos tanto para nosotros, es lo
que nos forma, lo que nos sustenta, lo que nos hace tan nuestros.
Personalmente,
creo en cosas varias que han formado, y forman, mi vida, y no sé si haya sido
necesaria esta pequeña introducción, pero hoy quiero escribir sobre esas cosas
en las que creo, así que lo haré.
Creo en
que el olor a café en las mañanas alegra el corazón. Creo en la energía de las
personas, y lo importante que es saber comprenderla. Creo que el alma duele más
que un dolor de muelas, y creo también en el dolor de muelas. Creo en las
flores de colores, y en los atardeceres. Creo en los deseos que se piden luego
de ver una estrella fugaz. Creo en las miradas, y todas las cosas que se dicen
con ellas.
Creo en
mis papás, y en que se dan, les doy y me dan el amor más hermoso que existe. Y
creo en el amor, en que sí se puede encontrar a la vuelta de la esquina. Y
también creo en esa esquina, claro. Creo en Simón, mi perrito, y en que tiene
la mirada más tranquila del universo entero. Creo en mi abuela Mimi, creo
muchísimo en ella. Creo que todavía dejamos el alma en una mirada cuando vemos
un cielo estrellado. Creo en los árboles, y en lo bonito de abrazarlos. Creo en
los libros, y en que ellos son los que te eligen.
Creo en
el poder de las sonrisas, y en los hoyuelos en las mejillas. Creo en Zafón, y
en esa forma tan suya de llegarme al alma. Creo en la arepa con queso, ¡cómo no
voy a creer en ella! Creo en que lo escrito a mano tiene una belleza especial.
Creo en los labios rojos, y en mi insuperable amor por Barcelona. Creo en La
sombra del viento, el libro de mi alma, y en Julián Carax. Creo en mis amigas,
y creo muchísimo en todo lo que me rio con ellas. Creo en las lágrimas, y en
que nos limpian.
Creo en
el queso parmesano, ¡cómo no voy a creer en esa delicia! Creo en mi vestido
azul de la bomba rosada de cuando tenía cuatro años. Creo en el miedo que me
producía la clase de matemáticas. Creo en lo sexy de los ojos cafés, de las
cejas pobladas y de las pestañas largas. Creo en lo delicioso que es bailar
hasta que te duelan los pies. Y creo en mi biblioteca, claramente. Creo en la
magia, y en que podemos encontrarla cuando menos pensemos, o ser nosotros la
magia, ¿por qué no? Creo en los lunares, y que quien te los cuente merece
seguir en tu vida. Creo en las máquinas de escribir, y en la hermosura de otro
tiempo que tienen. Creo en ser fieles a nosotros mismos, y en la valentía que
hay en ello.
Creo en
lo que estoy haciendo ahora mismo: escribir. Creo en el pastel con leche,
¡vamos! Creo en ese “te quiero” inesperado, y en el perfume de vainilla. Creo
en el aura, y creo también en la belleza de las palabras “inmarcesible” y
“serendipia”. Creo en el color café. Creo en los abrazos y en que hay unos
cuantos que te hacen cerrar los ojos. Creo en la importancia de arriesgarse,
pero también creo en lo difícil que es hacerlo; pero creo aún más en los que lo
hacen. Creo que los perfumes traen recuerdos, y creo en los recuerdos. Creo que
las sopas que hace mi mamá tienen superpoderes, y creo también en las cámaras
fotográficas antiguas. Creo en la magia, y el misterio, que tiene el centro
histórico de mi ciudad. Creo en la ley de atracción, y en el poder de la mente.
Creo en las buenas conversaciones, y en la sensación tan agradable que queda
luego de ellas.
Creo que
es un poco terrorífico volver a los sitios donde uno amó la vida. Creo en las
risas de la nada, y en las miradas de si todo. Creo que todavía se puede querer
bonito, claro que se puede. Creo que todo pasa por algo, y que lo que pasa es
lo único que podía haber pasado. Y creo en el pasado. Creo que debemos
rompernos hasta poder llamarnos arte.
Y sí,
creo en estas cosas y en muchas más; pero sobre todo, creo en mí, creo
incondicionalmente en mí.