Quiero saber
a dónde fue ese sueño
que no
recordaron al despertar.
Y qué hizo
que ese corazón roto
se enamorara
de todas sus grietas.
Quiero saber
qué sintió esa mirada
que pedía un
auxilio que nadie advirtió,
solo porque
era ella a la que siempre
habían
creído salvavidas.
Y si hubo
arrepentimiento
en ese
desastre que no era natural,
pero que su
naturaleza sí era destrozar.
Quiero saber
por qué nunca les llegó
la calma a
esas dos vidas que
fueron
tormenta.
Y si fue
casualidad que
esa bala
perdida llegara justo
donde la persona
que siempre la
había querido
encontrar.
Quiero saber
si el motivo por el que
el sol se
esconde todos los
días, es
porque nadie ha sido capaz
de sostenerle
la mirada.
Y qué nos
diría el eco a todos los que
hemos pisado
abismos creyendo
que
cruzábamos puentes.
Quiero saber
para quién sería la
última
palabra del miedo cuando al oír el
“sálvese
quien pueda”, no pudiera.
Y cuántos disparos tiene que esquivar
un “te
quiero” para no convertirse
en “te quie(b)ro”.
Quiero saber
cuál es la excusa
del corazón
para tener a la razón
dentro y no usarla.
Y por qué, a
veces,
nos
parecemos tanto a las olas: no
sabemos
irnos con la misma
fuerza
que utilizamos para llegar.
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