domingo, 2 de septiembre de 2018

I.m.p.o.s.i.b.l.e.

I.m.p.o.s.i.b.l.e.
Imposible como tratar de desatarte
ese nudo en la garganta cuando
tú misma fuiste la que aprendió a hacerlo ciego.
O cuando el arcoíris se instaló
en aquella mente condenada a
estar para siempre
en blanco.
Imposible como aquella vez que quisiste
robarle al “inevitable”
sus dos primeras letras.
Y cuando creíste que tocabas el cielo con las manos
pero solo era su reflejo en el agua.
Imposible como “la última y nos vamos”,
porque sabías que no sería la última,
y que tampoco te irías.
O cuando pensaste que podías salir ilesa al
volver a escuchar esa canción.
Imposible como evitar sangrar cuando
has sido cuchillo y herida a la vez.
O cuando dijiste “adiós” con el “quédate”
a un centímetro de distancia.
Imposible como tratar de crearle
múltiples entradas al que estaba destinado
a ser tu callejón sin salida.
O cuando el huracán de palabras
que siempre fuiste se quedó sin aliento,
y aprendiste que también hay valentía
en los silencios.
Imposible como el momento en el que ella supo
que había arte en “amarte” y “matarte” y,
con el alma (¿o el arma?) en las manos,
hizo posibles las dos.




Quiero.

Quiero saber a dónde fue ese sueño que no recordaron al despertar. Y qué hizo que ese corazón roto se enamorara de todas sus grieta...