sábado, 18 de marzo de 2017

Un día, ...

Un día, ella no aguantó más y le hizo la pregunta que tenía atorada en la voz desde hacía mucho tiempo.


-Entonces, ¿no te gusto?


Y él abrió los labios para dar esa respuesta que también, como ella, tenía atorada en su propia voz.


-No, no me gustas; pero eres el olor a café en las mañanas. El abrazo que te hace cerrar los ojos. Los cuatro elementos. Una canción triste. El último párrafo de un libro. Las miradas que chocan y no huyen. Un poema de Benedetti. La pestaña que cumple el deseo. Los labios que no se separan. La sonrisa que salva. El temblor del alma. El cielo estrellado. Ese vacío en el pecho. Los pterodáctilos en el estómago. Las sonrisas que son espejos después de una mirada. Las cosas que callas. La aurora boreal. El Els Quatre Gats de Barcelona. La última risa cuando ya nadie ríe. La primera copa de vino. La espalda que es universo. Las arruguitas alrededor de los ojos durante una sonrisa. El “sí” cuando estabas seguro del “no”. La película que pensabas que no te iba a gustar. El mirar cuando ya te estaban mirando. Las “buenas noches” cuando el día ha sido fatal. Los ojos que se reconocen. El “me quiere” del último pétalo de la flor. Las frases de Zafón. El libro que te roba un poquito de alma. La sonrisa después del beso. El sueño que no se puede contar. La primera estrella fugaz que te ve. Lo que hay detrás de la poesía. Y los lunares que se sienten como cicatrices.

***


… Y está de más decir que el alma fue lo único que se rompieron.




1 comentario:

Quiero.

Quiero saber a dónde fue ese sueño que no recordaron al despertar. Y qué hizo que ese corazón roto se enamorara de todas sus grieta...