Un día, ella no
aguantó más y le hizo la pregunta que tenía atorada en la voz desde hacía mucho
tiempo.
-Entonces, ¿no te
gusto?
Y él abrió los labios
para dar esa respuesta que también, como ella, tenía atorada en su propia voz.
-No, no me gustas;
pero eres el olor a café en las mañanas. El abrazo que te hace cerrar los ojos.
Los cuatro elementos. Una canción triste. El último párrafo de un libro. Las
miradas que chocan y no huyen. Un poema de Benedetti. La pestaña que cumple el
deseo. Los labios que no se separan. La sonrisa que salva. El temblor del alma.
El cielo estrellado. Ese vacío en el pecho. Los pterodáctilos en el estómago.
Las sonrisas que son espejos después de una mirada. Las cosas que callas. La
aurora boreal. El Els Quatre Gats de Barcelona. La última risa cuando ya nadie
ríe. La primera copa de vino. La espalda que es universo. Las arruguitas
alrededor de los ojos durante una sonrisa. El “sí” cuando estabas seguro del
“no”. La película que pensabas que no te iba a gustar. El mirar cuando ya te
estaban mirando. Las “buenas noches” cuando el día ha sido fatal. Los ojos que
se reconocen. El “me quiere” del último pétalo de la flor. Las frases de Zafón.
El libro que te roba un poquito de alma. La sonrisa después del beso. El sueño
que no se puede contar. La primera estrella fugaz que te ve. Lo que hay detrás
de la poesía. Y los lunares que se sienten como cicatrices.
***
… Y está de más decir
que el alma fue lo único que se rompieron.
Definitivamente hermoso escrito...!!!
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