miércoles, 12 de octubre de 2016

Ella y él.

Ella va tarde… tarde, muy tarde.

Él está a punto de cruzar la calle.

Ella lleva su vestido de flores, la cartera y un montoncito de hojas en las manos.

Él la ve, desde lejos. La reconoce.

Ella aún no lo ha visto. Pero lo reconocerá.

Él se queda como una estatua. Quieto, pálido. No aguanta la luz que emana aquella chica.

Dos mundos se están acercando.

Despacio... pero seguros.

Ella llega al espacio vital de él, lo ve.

“Me está viendo”, piensa él.

“¿Por qué lo estoy viendo?”, piensa ella.

“Ya la/lo he visto en algún lado”, piensan los dos.

El semáforo en rojo.

Ella y él cruzan la calle.

Despacio… Esta vez no tan seguros.

Esa sensación.

A ella se le ha olvidado que va tarde.

A él se le ha olvidado a dónde iba.

-Oye -dice él.

Ella no se detiene.

-Espera –dice más alto.

Ella sigue caminando.

-Por favor, para un segundo.

Ella hace como si no lo hubiera oído.

-¡Señorita, usted, la que lleva el alma en las manos!


Y ella se detiene.










2 comentarios:

Quiero.

Quiero saber a dónde fue ese sueño que no recordaron al despertar. Y qué hizo que ese corazón roto se enamorara de todas sus grieta...