Ella va tarde… tarde, muy tarde.
Él está a punto de
cruzar la calle.
Ella lleva su vestido
de flores, la cartera y un montoncito de hojas en las manos.
Él la ve, desde
lejos. La reconoce.
Ella aún no lo ha
visto. Pero lo reconocerá.
Él se queda como una
estatua. Quieto, pálido. No aguanta la luz que emana aquella chica.
Dos mundos se están
acercando.
Despacio... pero
seguros.
Ella llega al espacio
vital de él, lo ve.
“Me está viendo”,
piensa él.
“¿Por qué lo estoy
viendo?”, piensa ella.
“Ya la/lo he visto en
algún lado”, piensan los dos.
El semáforo en rojo.
Ella y él cruzan la
calle.
Despacio… Esta vez no
tan seguros.
Esa sensación.
A ella se le ha
olvidado que va tarde.
A él se le ha
olvidado a dónde iba.
-Oye -dice él.
Ella no se detiene.
-Espera –dice más
alto.
Ella sigue caminando.
-Por favor, para un
segundo.
Ella hace como si no
lo hubiera oído.
-¡Señorita, usted, la
que lleva el alma en las manos!
Y ella se detiene.
Que hermoso!
ResponderEliminar¡Gracias, Jei! ^^
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